
Cuentan las leyendas que hace mucho mucho tiempo en estas tierras del norte descubrieron criaturas escondidas que habitaban en bosques y montañas. La gente, que no sabía exactamente qué tipo de seres eran éstos, empezó a conocerles como trolls. Eran unos personajillos enormes, peludos, de narices grandes y torcidas, con cuatro dedos en sus extremidades y piel dura, indestructibles pero poseían un defecto: si se los capturaba a pleno sol se convertían en piedra o estallaban. Con motivo los trolls nunca eran vistos de día pues rápidamente desaparecían cuando amanecía, sólo salían de sus escondrijos una vez ocultos los rayos de luz o en caso contrario ¡booom!




Son muy comunes en los relatos de estas zonas, de hecho muchos narran cómo en ciertas ocasiones alguno de los trolls se despistó y olvidó esconderse, por lo que ciertas formaciones rocosas encontradas en el país tienen rasgos de troll.

Literalmente bosque de trolls.

De aspecto malévolos su cólera era bien conocida por todos, ingenuos pero mejor no enfadarles. Los pillos campesinos se arriesgaban para espiarles, atención: si un campesino les provocaba le podían suceder cosas horribles, o si un granjero les enojaba su ganado se convertía en blanco perfecto de una enfermedad dañina. Actualmente todavía se aconseja mantener buenas relaciones con los trolls, ¡nunca se sabe!

Parece ser que llegaban a vivir cientos de años, poseían la habilidad de transformarse, dado que las trolls féminas a veces se convertían en mujeres asombrosamente hermosas, sin embargo eran incapaces de deshacerse de sus colas.



La próxima vez que te adentres en un bosque a la luz de la luna, rodead@ de las poderosas montañas, sus ríos y cascadas, recuerda no estás sol@, no bajes la guardia, seguramente no te harán nada…

Fotografías: © Maria Puig 2016

