
No puedo vivir controlándolo todo, ¡no nací para decirle al Sol cuando debe salir ni marcarle a la lluvia cuando ha de venir! No sé si ganaré o perderé, tampoco puedo atreverme a decirle a otro qué camino seguir, sólo puedo ofrecerte mi hombro para llorar, mis orejas para escuchar o mis manos para abrazar. Lo siento. Siéntate y cuenta.





